-Vengo a levantar una queja contra el sistema.

-Señor nosotros somos el sistema, no podemos recibir quejas contra nosotros mismos.

-Entonces vengo a dar una recomendación para que funcionen mejor…

-Señor nosotros somos perfectos, tenemos convicción de lo que hacemos, o no lo haríamos.

-Entonces me quiero unir de inmediato a ustedes.

-Por ahí hubiera empezado, bienvenido al partido.

398059262_a516dd2062Me instalaron enseguida en un comité, después de unas elecciones me dieron una oficina y me asignaron como Secretario General de un movimiento territorial, vi entrar al edificio gente vestida de un color y al minuto salir de él, vestida de otro color con cara de felicidad, los veía salir a la calle muy contentos con la única misión de convencer a sus antiguos compinches para que entraran a nuestras oficinas y salieran ellos también a convencer a otros. También en varias ocasiones vi terribles exabruptos de algunos miembros que en acaloradas discusiones se arrancaban el distintivo de nuestro partido, lo arrojaban por una ventana o escupían en él y después lo pisaban, justo antes de salir iracundos de las instalaciones; con el tiempo los volvíamos a encontrar con un mejor puesto en otro partido, jurando convicciones completamente contrarias a las que tenían en nuestra organización y aseguraban siempre haber pensado de esa manera; cuando se les cuestionaba del pasado, algunos se ponían rojos, otros amarillos y algunos otros con lágrimas en los ojos asumían haberse equivocado, en seguida algún pequeño hombre retiraba al cuestionado del escrutinio al que estaba siendo sometido y miraba al entrevistador con una mirada reprobatoria. Vi en fin muchos sucesos extraños en los treinta años en los que estuve en la institución, tantos que no se podrían de hecho relatar en uno, dos o tres libros de alguna editorial famosa en la que relatará con una prosa muy pulida todos los secretos de mi partido a riesgo de muerte claro está. Y es que no se puede hacer eso, sencillamente porque yo también participé de ello, al principio con plena convicción, después por complicidad y en última instancia por inercia pura.

En realidad yo quería cambiar las cosas, hacer una revolución, al fin y al cabo de eso se trataba, a eso le estábamos haciendo honor, a una revolución. En verdad que entré joven a eso de la política y estoy agradecido, yo era un don nadie, un hijo de vecino de una colonia muy pobre y terminé hasta coordinando a un importante número de hombres en diversas acciones. En un principio creí en verdad que tenía que conocer primero cómo se movían las cosas para poderlas cambiar, en ese proceso me llevé 10 años, enseguida hice una serie de propuestas con la gente que creí adecuada, se recibieron de buena manera, porque a fin de cuentas yo ya era respetado entre mis iguales, entonces comenzaron las discusiones “democráticas”, en esas nos llevamos 15 años, para cuando se llegaron a acuerdos, en realidad mis propuestas ya eran estériles, la tecnología había hecho lo que yo quería hacer, los jóvenes ya no creían en ningún discurso y la sociedad civil se había cansado de dar sus propuestas sin ser escuchadas. Pero teníamos presupuesto, así que, compramos cosas para los más pobres, comida, materiales, pintura, cosas que en verdad se necesitaban, los volvimos parte del partido, ellos se afiliaron con la esperanza de seguir recibiendo cosas de nosotros, es decir gratuitas, que cayeran del cielo, por una feliz casualidad, como por ejemplo un presupuesto que ya no se podía utilizar para lo que estaba destinado y un dirigente que no se lo quiso quedar.

Tras esa desilusión y por la creciente de electores que representó regalarle cosas a la gente, fui elegido como diputado plurinominal, contraté un par de asesores y done la mitad de mi sueldo para la gente que más lo necesitaba, aunque obviamente el partido desde ese momento tuvo recelo de mis acciones, se preguntaban si en algún momento no se propondría que todos los diputados hicieran lo mismo, por tanto este hecho no fue difundido bajo ningún motivo en los medios de comunicación. En fin, me dediqué en realidad a mi puesto, investigaba todas las iniciativas y en muchas ocasiones expliqué los aciertos y errores de las iniciativas que se discutían, me opuse con ferocidad a los latrocinios que identificaban, mientras algunos dormían y otros solo apretaban el botón que los coordinadores generales de bancada decían que teníamos que apretar, así a lo autómata, fueron tres años muy intensos, de muchos disgustos y pocos triunfos.

Al final de esos tres años volví al edificio, ya era otro mi estatus, me hicieron coordinador general de movimientos territoriales en el estado más lejano a la capital disponible, dijeron que me necesitaban mucho en ese lugar, me dieron un excelente sueldo y una casa increíble, además que en realidad mi trabajo era nulo, porque me mandaron un asistente muy joven y voluntarioso que resolvía los problemas antes de que éstos se suscitaran. Pronto supuse que lo que querían era callarme y que no apareciera en los medios, entonces renuncié a la organización tras treinta años de servicio, no hubo homenaje, ni pastel, solamente una exhortación a que la ropa sucia se lavaba en casa, esa recomendación de hecho me supo a amenaza.

Hasta hoy me doy cuenta que cuando llegue al lugar solo tenía unas ganas enormes de cambiar las cosas, pero no sabía de qué manera. Tenía ganas también de repartir mejor los recursos, de en verdad fomentar la democracia y pensé que solo hacía falta un buen plan para que las cosas sucedieran, no sabía cuando entré lo que la palabra burocracia significaba, lo entendí tras treinta años, hoy no hace falta hablar de los latrocinios ideológicos que se practican no en uno sino en todos los partidos políticos de todo el mundo, no hace falta que alguien haga una investigación periodística sería para que salga a la luz toda la porquería; la porquería se hace a plena luz y hasta se le ha confundido con la misma luz por desgracia.

Hasta hoy me doy cuenta que fui ingenuo, que hace falta más que buenas intenciones para cambiar las cosas, hace falta estar bien parado y hacer las cosas primero en pequeña escala, dominar cómo hacerlo y en seguida pasar a una escala mayor, de otra forma te puedes pasar 30 años o más con buenas intenciones y al mismo tiempo apoyando y contribuyendo a la nada…

No pretendamos, no pretendamos no pretender, no queramos ser, veamos y vamos a dejar que nos vean...

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