Por Luisa Lachira

México, D. F., 26 de agosto de 2015.

Balas, patrullas, luces, aire húmedo.

Me levanto como de costumbre, me retiro las pantuflas. Camino. Camino por el estrecho pasillo, por la infinidad de libros desterrados de mi primer espacio de escritor. Doblo a la derecha, levanto mi mano izquierda y palpo mi rostro como si por un momento dejará de tener esta mascara.

Balas, patrullas, luces, aire húmedo.

Me rasco la barba de tres semanas, me rasco el brazo derecho. Y busco. Busco encender la cafetera, la que quedó desde que mi madre murió, pero sigue prendiendo. Tomo el filtro, enciendo el aparato, vierto el café y el agua, y sin pretensión de olvidar, duermo.

Balas, Patrullas, luces, aire húmedo.

Me busco en mi centro, me siento frente a la ventana. Y respiro. Respiro la nublosa mañana de la ciudad marchita, de esa gris que se ilumina, de ese monstruo aplastante sin espacios para gritar. La Narvarte, desde la distancia se monta a una altura en la que se mezclan colores de casas viejas y departamentos nuevos.

Balas, patrullas, luces y aire húmedo.

Me paso el tiempo entre las visitas, entre las llegadas de ese día y sin saber dónde aparecer, me siento. Tomo un cigarro, inhalo y el calor tempestuoso viaja y yo sigo sentado. Tomo la cámara y observo cómo de su ojo sale el último disparo.

Balas, patrullas, luces y aire húmedo.

Me busco en la noche, en la frialdad del verano. Me busco entre las luces uniformes que siempre aniquilan el cielo. Y me aborda el silencio.

Balas, patrullas, luces y aire húmedo.

Me miro firmemente, me miro como si el día no existiera. Un disparo, una luz, una ráfaga de viento. Sucumbo ante mis palabras

  La muerte escogió…

La muerte escogió los cuerpos de 3 mujeres y 2 hombres.

La muerte escogió esta tierra para echar raíces

La muerte escogió este Estado impune.

La muerte escogió alojarse entre nuestros olvidos y silencios.

Héctor Mateo

Héctor Mateo

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