Siguiendo a Pepe Rodríguez, existen dos maneras en que un periodista puede tratar la información y darla a conocer: cuando el periodista se limita a difundir la noticia, la cual incluso es la transmisión de una investigación ajena, entonces se trata de un periodista informador; ahora bien, si en lugar de eso, se utilizan técnicas habituales de la profesión o de otras profesiones con el fin de elaborar una información, entonces estamos frente a un periodista que crea las noticias que comunica.

Es menester aclarar en este punto que la creación se entiende aquí, no como algo inventado, no como una información falsa o ficticia, producto de la ocurrencia de alguien, sino como una construcción teórica sustentada en un proceso de investigación minuciosamente planeado. Es decir, como parte de un proceso de consulta y asimilación de mucha información a partir de la cual, el periodista razona y construye una tesis propia bajo determinada postura ideológica frente a lo investigado.

El periodista investigador entonces no sólo consulta infinidad de documentos relacionados con el objeto de estudio de su interés, sino que a su vez, se hace de diversas técnicas de recopilación de la información, con el fin de ampliar sus conocimientos al respecto del tema, pero también de actualizarlo o generar nuevo conocimiento.

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Así pues, el periodista investigador, además de comprometerse con la tarea que ha emprendido, con el tema en el cual se ha interesado, debe también ser un buen observador, tomar nota de los datos importantes, ya sea que éstos los consulte directamente de archivos, documentos, personas o experiencias de vida.

A este respecto, Pepe Rodríguez sienta los preceptos básicos para hacer de un periodista un investigador, y determina la importancia de emplear un método, unas técnicas y unas estrategias, no sólo para obtener datos relevantes y pertinentes (según el objeto de estudio y los objetivos planteados para la investigación), sino también que resulten útiles a la hora de presentar los resultados obtenidos.

Huelga decir, al respecto de la presentación de los resultados, que es éste un punto sustancial en todo proceso de investigación: la exposición de los datos, la manera como se presentan ante un determinado público, determina el tipo de lectura que se le va a dar al texto generado, así como su grado de verosimilitud, pero sobre todo de verdad.

Así por ejemplo, es posible hallar un producto audiovisual que expone una historia totalmente de ficción que, sin embargo, se relata de manera que parezca totalmente cierta: el relato, por ejemplo, puede ayudarse de elementos propios del documental. Entonces, como la convención ha puesto al documental como un texto que narra realidades, la ficción puede llegar a ser tomada como real o, por lo menos, a ser cuestionada en cuanto ficción.[1]

Ahora bien, ¿qué pasa cuando en lugar de un texto de ficción, se trata de un texto fundamentado científicamente y presentado a partir de elementos que en su naturaleza misma conllevan una estructura y un formato de poca formalidad o credibilidad científica?

Pongamos como ejemplo la novela gráfica de Art Spiegelman, Maus. Ésta está basada en la historia de vida[2] de un sobreviviente de la guerra Hitleriana, el padre del autor de la obra, quien además de ser presentado como víctima del infierno que representaron los hornos, también es exhibido como “…la caricatura racista del viejo judío avaro”.[3]

Asimismo, dentro de la novela gráfica, el autor expone parte del proceso que siguió para lograr obtener información de su padre acerca de la persecución y el genocidio cometido contra los judíos.


[2] Para Pepe Rodríguez, “las fuentes personales son imprescindibles para el trabajo del investigador”, pues aportan documentación probatoria.

[3] Art Spiegelman, Maus, pág. 125.

Así, por ejemplo, relata la manera cómo entrevistaba a su padre: algunas veces tomando nota, otras, grabando la conversación; también expone las distintas situaciones en las cuales tuvieron lugar las charlas. Lo cual, no sólo da cuenta de uno de los recursos del autor (la entrevista), sino también del tiempo que tardó en obtener información, es decir, nos sitúa en tiempo y espacio.

Por otra parte, Art Spiegelman presenta datos, nombres de lugares y personas y fechas concretas con las cuales se infiere fácilmente que, detrás de la novela gráfica en sí, se realizó un estudio profundo y mesurado del contexto de la Europa de los años 30, del nazismo, etcétera.

En este sentido, es posible deducir que el autor se valió de métodos y técnicas específicas para recopilar información; se aventuró a buscar datos concretos (quizá a confrontarlos en varios archivos) en fuentes documentales y realizó una síntesis de todo lo que halló, para consolidar su obra.

Y no obstante el rigor científico con el cual Art Spiegelman trabajó, su obra fue acreedora del Premio Pulitzer (en 1992), como mejor novela gráfica de ficción.

Pero, ¿por qué? Por su formato. Desde su nacimiento, el cómic se encargó de caricaturizar o ficcionalizar la realidad. Presentó y construyó superhéroes, hombres de acción. Además, Art Spiegelman usa recursos como las alegorías para representar a cada uno de los personajes de su obra: los judíos por ejemplo, son representados como ratones, los alemanes como gatos, los polacos como cerdos, etcétera. Lo cual sirve de argumento “suficiente” para que los críticos de arte y periodistas consideren a la obra como parte del género de ficción.[4]

Ante esta problemática, cabría preguntarse entonces si para construir un texto científico es necesario u obligatorio apegarse a los estándares de la ciencia; ¿no puede caber una posibilidad de presentar la información con otros formatos, sin romper por ello con su rigor? ¿Acaso todas las obras científicas tienen que estar escritas igual, bajo los mismos estándares? ¿Será que el ser humano no está capacitado para reconocer en un documento cuando le hablan de ficción y cuando le hablan de hechos reales (las verdades de quienes lo cuentan)?

Es evidente que cuando se le niega su valor científico a una obra como Maus se comete un gravísimo error, no sólo porque se niega el arduo trabajo de investigación realizado por Spiegelman, el cual se expone al interior de la novela gráfica como elemento sustancial para renovar (constantemente) el pacto contractual del autor con su público y se niega la capacidad humana de diferenciar la ficción de la no-ficción[5], sino además, porque la labor científica y de investigación se limita a la forma como se presenta.

Así pues, se le da prioridad a la forma más que a los contenidos, relegando a éstos a quién sabe qué suerte, y convirtiendo la producción científica y cultural en una especie de formulario que sólo hay que llenar. Lo cual me resulta una verdadera pena.

No digo que esté mal seguir los estándares enmarcados por la ciencia, o por los diferentes géneros, sin embargo, tampoco considero válida la desaprobación de obras igualmente importantes y fundamentadas documentalmente por el hecho de estar presentadas en formatos diferentes al lenguaje formal, rimbombante; a las gráficas, a los números, a las estadísticas; al texto lineal, sin viñetas.

En este sentido, resulta importante empezar a poner más atención en los contenidos. Así como recordar que cada uno de los formatos tiene sus características propias y sus lenguajes específicos, lo cual no impide que puedan ser considerados fuentes documentales de información.


[4] Al parecer todos estos críticos y periodistas no captaron la relevancia simbólica de estas alegorías, ni los juegos y herramientas icónicas a partir de los cuales el autor presenta su investigación.

[5] Si por ejemplo, se compara Transmetropólitan, una novela gráfica de Warren Ellis y Darick Robertson, con Maus, rápidamente se advierte que aquélla trata de ficción, pues lejos de contar una historia verídica, con lugares reales y fechas concretas, presenta la imagen futurista de un mundo caótico reinado por la transmutación, las drogas, la suciedad…

En este sentido, el cómic (como cualquier otro tipo de texto) puede ser un medio de información, siempre y cuando su labor de investigación se haga evidente.

¿Ya conoces a Los Heraldos Negros? 

 

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