Por Roberto Holguín Carrillo

Al tío

¿Un olor, una visión, una esencia? Quizá era sólo curiosidad, si eso puede matar a los gatos, no veo por qué no pueda hacerlo con los perros.

— Creo que fue una esencia. La presencia que está en todo— me dijo Omar mientras realizaba unos dibujos y unos esquemas que al final me obsequió— Mira, acá está lo que te comentaba, el candelabro y mapas de palabras. Amor, justicia, ley, universo. Son palabras todas relacionadas entre sí.

Me intentaba explicar que todo guardaba armonía y una relación perfecta. El candelabro estaba compuesto de siete picos, creo que lo utilizaban en lo época carolingia, representaba la simetría del universo del demiurgo cristiano. Los días de la semana, los planetas, los pecados y sacramentos, todos eran siete.

— Yo sólo espero el momento en que me llegue el aviso, el momento en el que sepa sin dudas qué hacer.

Hablábamos de los perros suicidas, los que se habían aventado desde el puente que estaba cerca de la parroquia donde nos solíamos ver; ya iban poco más de veinte y esa tarde escuchamos que un collie se había aventado al vacío. Ese perro nos hizo pensar en el tema porque era de la señora a la que le íbamos a comprar los pastes del parque. La encontramos devastada y hasta enojada porque su perro se había aventado desde el puente. “No entiendo por qué lo hizo, apenas lo solté para que fuera al baño y se echó a correr como inútil hacia el puente”.

Como era de esperarse, ya había toda una serie de curiosos y hasta especialistas autoproclamados que investigaban el caso. Incluso el delegado fue a sondear el sitio con varias personas. Yo por mi parte tenía bien resuelta la cuestión:

— Es el olor a mierda, huele a madres y además se mezcla con un olor como de rata muerta. Si la gente no tirara tanta cosa al río o lo que queda del río los perros no se aventarían. El delegado debería saber ese tipo de cosas.

— No es tan sencillo, no creo que tantos perros lo hayan hecho por un olor así. Fue una visión, quizá hasta una esencia.

Sea lo que fuere eso de la esencia me parecía algo incomprensible, pero era otro recurso de Omar para traer a cuento sus creencias religiosas y místicas. No le parecía algo malo lo de los perros, creía que aquello sucedía porque algo bueno estaba ocurriendo en otro lado o aún estaba por suceder. Yo no comprendía bien su insistencia en la salvación futura, no veía realmente por qué él estaba tan interesado en eso y menos por qué todo el asunto tenía que ser tan cristiano. Sí, éramos una especie de abandonados, no la pasábamos en el parque sin ir a la escuela y perdiendo mucho el tiempo. Estábamos medio peleados con nuestros padres, aunque ellos no sabían a detalle lo que hacíamos, pero no veía por qué encomendar nuestro futuro en la divinidad, no estábamos haciendo nada realmente malo.

 

Generalmente no criticaba con dureza lo que me comentaba Omar, nunca quise quitarle ese reducto, pero eso es decir mucho, nunca me hubiese hecho caso de todas maneras. Lo de los perros nos mantuvo interesados por un tiempo aunque después de lo del collie no volvimos a escuchar de otro perro suicida. Al menos no de uno que se hubiera aventado por ese puente. Supimos de varios que se aventaron de la azotea por los “cuetes” de las fiestas de San Francisco.

El que se mató fue el mío. Por tres días. Y después resucitó. Ocurrió que se me escapó y realmente me encabroné con él. Mi padre había dejado la cerca abierta y el perro seguramente se echó a correr como loco al ver la posibilidad de su escape; siempre lo hacía al ver la puerta abierta. Cuando recién me lo regaló mi abuela, el perro se salió y se fue corriendo directo a la avenida. Yo me aventé para atraparlo, me raspé los codos pero lo atrapé a poca distancia de donde pasaban los carros. Esa vez fui un héroe, que se jodan los que marca el patriotismo, yo salvé a mi perro. Pero esta vez se me fue y no lo vi esa noche, lo busqué por las pequeñas calles, pregunté a la gente si lo había visto, regresé a mi casa y me eché a llorar.

Esa noche me quedé sin perro, ¿cómo era posible que se hubiera escapado para morirse de hambre cuando en la casa tenía todo? Lo debí de haber castrado. Al siguiente día yo estaba rendido pero mi hermana me levantó, imprimió carteles y pequeños volantes para que los repartiéramos y los pegáramos en las calles. Fui a la parroquia y al parque, a los callejones de mi vecindario y repartí las impresiones a todos los que vi. No podía dormir, cualquier ladrido que escuchaba me parecía que era el de mi perro y casi estuve a punto de salir en su búsqueda hacia la dirección en que se escuchaba a mitad de la noche.

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Pasó el segundo día y salí con Omar a tirar volantes en las casas del barrio vecino. Al tercer día seguía sin aparecer y creí que lo mejor era darlo por muerto. Un perro así de despistado no podía durar mucho tiempo sin que lo atropellaran. Me preocupaba que se hubiera aventado por el puente, atraído por el olor a mierda o por la esencia divina de la que hablaba Omar. Se acercaba la noche y yo seguí repartiendo volantes. Al regresar a mi casa me encontré con que el perro había aparecido, lo habían encontrado en el pedregal, donde con ojos vidriosos repartí volantes a los vigilantes y personas que conocía. “Ya ves, te dije que todo iba a estar bien”. Omar tenía razón.

Pasó casi un año y el mensaje que esperaba Omar no aparecía. Había escuchado de un fenómeno astronómico y durmió varias noches en la terraza de su casa esperándolo pero nunca pasó nada. Acudió con una psíquica, “y muy buena”, que le dijo muchas cosas verdaderas pero nada de salvaciones.

Después de un año decidí volver a la escuela, enrolándome en una carrera completamente distinta. Las humanidades, “qué decepción”, no lo dijeron nunca pero quizá lo pensaron mis padres, que creían ver en su hijo a un futuro ingeniero, quizá hasta un financiero exitoso, una especie de salvador de los tiempos modernos. En el primer semestre me fue muy bien, olvidé en parte mi etapa de “abandono” y me quité de encima un romance frustrado que me carcomía la sangre. Me sentía feliz.

Al poco tiempo hice amigos en la escuela y las responsabilidades me quitaron mucho el tiempo. Me alejé un poco de Omar, aunque él iba a mi facultad a visitarme. Le tuve que cancelar muchas veces porque tenía tarea. Cuando nos veíamos me hablaba de sus nuevas investigaciones místicas. Percibí en él varias veces un tono patético, se escuchaba frustrado pero aun así bromeábamos y reíamos. Le había mentido a sus padres, creían que se había metido a la escuela y lo dejaban todos los días a la entrada de la facultad de ciencias. Una vez que estaban fuera de vista, se iba al parque y allí leía la biblia, dibujaba y hacía mapas de palabras.

Cuando yo iba en el segundo semestre lo vi muy pocas veces. Recuerdo que en la última me dijo que quería hacer un viaje, despejar sus ideas y salirse del medio casero por un par de semanas, “en mi casa sólo me esperan para que ponga la mesa”. Le pregunté si tenía dinero, me comentó que sí, todavía le sobraba del que había obtenido por vender las armas de su padre. No me preocupé y pasó casi un mes sin que me diera cuenta de que no había regresado.

Después de eso me llegaron noticias de un nuevo suceso funesto en el puente. Era Omar, se había aventado como los perros. Escuché que había sido un joven de unos 22 años. Lleno de adrenalina y con la voz temblorosa pregunté en la procuraduría cercana a mi casa por el joven, me dijeron que se llamaba Omar Belmonte. Tardé en comprender el suceso, no creí que estuviera realmente muerto y menos que se hubiera aventado como los perros suicidas.

Estuve un tiempo recluido en mi cuarto, llorando y pensando que no era cierto. Al poco tiempo me llegó una llamada de su madre, preparaban su funeral. Me dijo que cuando se fue le dejó una carta, cuyo contenido no me expresó, junto con su celular. En el velorio apenas hablé con algunas personas, era el único que había asistido de sus amigos, me dijo que hablaba mucho de mí y que me tenía mucho afecto. Apenas le pude decir que yo también lo estimaba mucho. Salí varias veces de la casa donde lo velaban para fumar y en una de ellas vomité.

La esencia era la salvación, era la señal que Omar esperaba, qué idiota, no lo puedo creer. En la delegación decidieron clausurar el puente y despejaron un poco la basura que pasaba por el río. Sigue oliendo a mierda.

 

Barrio de San Francisco, abril de 2013.

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