Conocí a Hoster y Rastro cuando íbamos juntos en la primaria. Eran días muy divertidos en los que salíamos a jugar todos los días, ya fuera fútbol o Age of Empires II, con dinero o sin él, con una bicicleta o tres. A veces sólo era en busca de maldades y travesuras, otras sólo por el placer de estar juntos y sabernos como los mejores amigos. Porque a esa edad conocí a mis mejores amigos. Luego entramos a la secundaria y nos seguíamos viendo y, también juntos, nos defendíamos de los abusivos y los enemigos de clase. Ellos empezaron a pintar y a rayar, yo también. Aunque, yo no tuve futuro en el grafiti (ni lo tengo en ningún otro aspecto), ellos sí. Me gustaba observar los bocetos en sus cuadernos de hojas blancas y ver cómo creaban. Recuerdo también haberme maldecido por mi falta de talento para dibujar y mi poca creatividad. Mi interés en el grafiti duró sólo unos meses, fue como mi esperanza de ser futbolista. Pero en ellos no fue una esperanza pasajera, ni un entretenimiento, para nada, en ellos se convirtió en una parte esencial de su personalidad, en la expresión predilecta de sus palabras e ideas, en un componente importante de sus vidas y sus caminos.

Crecimos más y los tres años de la secundaria se consumieron en un segundo, y pronto me anunciaron su partida hacia Puebla, a comenzar una nueva vida. Recuerdo la despedida un poco simple, pero llena de nostalgia que ya asomaba su existencia mientras abrazaba a mis amigos. Ellos emprendieron su nuevo camino y, gracias al extinto Messenger, tuvimos contacto pocas veces. Seguimos con nuestras vidas y después nos volvimos a encontrar, ellos regresaron. Entraron al bachillerato y nos vimos en diferentes protestas contra la Reforma Integral de Educación Media Superior (RIEMS), en las marchas fue nuestro reencuentro.

graff1Rastro, trabajaba muy cerca de mi casa y a veces cuando regresaba de la escuela pasaba a saludarlo y a preguntarle por su hermano. De pronto un día pasé a buscarlo y no estuvo, supuse que era su día de descanso y entonces pasé al otro día a buscarlo. Pasó un mes y no tenía noticias ni de Rastro ni de Hoster.

Otra vez nos alejamos sin saber nada uno del otro y un día que fui a jugar fútbol a CU me encontré a Hoster, y me dio la grata sorpresa de que ya estaba estudiando en la UNAM. Platicamos un poco y nos despedimos. No lo veo seguido porque nuestros tiempos se contraponen, pero tenemos comunicación paulatina. Le propuse la idea de entrevistarlo y accedió inmediatamente con la amabilidad y entusiasmo que lo caracterizan. Y he aquí la entrevista sobre uno de los aspectos de su vida que desarrolla y realiza desde hace ya varios años: el grafiti. A su hermano no pude entrevistarlo, pero estoy seguro que sus perspectivas respecto al grafiti son similares: están en el mismo crew y, además, pintan juntos a menudo.

Gerardo Rayo: ¿Qué es el grafiti?

Hoster: Una forma de expresar una idea sobre una barda en las calles de la ciudad, como principal herramienta se usa el aerosol. Existen dos tipos de grafiti: el vandálico o ilegal y otro más constructivo o artístico, éste es una evolución del primero.

GR: ¿Por qué es importante el grafiti en una ciudad como el DF?

H: Porque es una forma de darle color y vida a las paredes de nuestra ciudad, es una forma de hacerse notar de los jóvenes más marginados de nuestra ciudad y adueñarse de espacios públicos y privados, a diferencia de cualquier tipo de arte no necesitas pagarlo para poder admirarlo.

GR: ¿Es político el grafiti?

H: Dependiendo del escritor (grafitero) ya que hay quienes, por medio del grafiti ilegal, atacan inmuebles gubernamentales, policiacos y militares, como una forma de resistencia, en ocasiones simplemente pintando su seudónimo o consignas contra las mismas [instituciones]. Y en cuestión del grafiti legal depende del escritor, realizando pintas más conscientes, políticas y culturales aún más trabajadas que tienen un gran impacto en la sociedad.

GR: ¿Consideras al grafiti arte?

H: Personalmente no, porque a diferencia del arte éste no se aprende en una escuela, sino en las calles siendo autodidacta, utilizando como herramienta cien por ciento el aerosol. Pero muchos especialistas en el tema del arte lo empiezan a ver como una variable y hay personas que han estudiado artes plásticas y empiezan a combinar ambas técnicas, brocha y aerosol.

GR: ¿Cuál es tu objetivo al pintar?

H: No lo hago por dinero, ni como muchos que van empezando que es por fama. Llevo 9 años en este medio del grafiti, lo hago porque me gusta mucho plasmar mis ideas por medio de un dibujo en una barda. Me influyo mucho de mi entorno, con lo que escucho de las personas, de los problemas del país, cuando pinto hay un objetivo que es crear conciencia a todo tipo de personas sin importar su nivel socioeconómico, en el cual las calles de la ciudad forman el papel más importante, ya que son lugares públicos y todos lo pueden observar.

GR: ¿Cuál piensas que es, actualmente, el papel del grafiti en una sociedad cada vez más desigual y opresora, que desaparece y asesina jóvenes?

H: Es un medio de manifestación que tenemos los jóvenes, el cual se da de manera pacífica, muchas veces agresiva para el gobierno por la idea que se plasma en las bardas, ya que somos la voz de los que han callado, es el acto para decir aquí estamos, que aunque digan que el país va bien, siempre que exista grafiti sabremos que está mal.

GR: Por último, ¿es más necesario el grafiti ahora que antes?

H: Desde que existe siempre ha sido necesario, porque siempre han existido problemas en nuestra sociedad pero algunas veces más o algunas veces menos, como el caso que está viviendo actualmente nuestro país; estudiantes desaparecidos, reformas estructurales, narcogobierno, etc. Es muy necesario porque con ello creamos conciencia a las personas de la situación que estamos viviendo.

Las ideas y las palabras se expresan de muy diferentes y variadas formas, con un fondo que les da complejidad y las abalanza sobre las personas hasta impactarlas. No sé sí existan grafiteros posmodernos, quizás sí los haya, y seguro piensan en el grafiti como una abstracción burda para iniciados y totalmente subjetiva con un significado únicamente inteligible para el autor (como mucho arte). Pero en el caso del grafiti que he conocido, me ha maravillado la capacidad de sus autores para plasmar el marasmo en que se encuentran, no como individuos aislados, sino como miembros de una colectividad.

El grafiti no es un arte de élite que permite sólo a la pequeña burguesía contemplarlo, va más allá y se expone sobre el concreto para que el que guste detenerse a contemplarlo, lo haga. Me recuerda mucho una de las máximas de las vanguardias, llevar el arte afuera de los museos, para las personas que no viven en una burbuja de cristal. Pintar y rayar, muchas veces, con una responsabilidad social y no por la fama ni por el dinero, sino por la necesidad de hacerlo, porque así se lo exigen a sí mismos.

El actual escenario político y social en México ha hecho salir a las calles a jóvenes e inconformes con el gobierno y seguirá expresándose en marchas, textos o pinturas urbanas. La compleja red de relaciones que representa una ciudad no está exenta de expresión y colorido, ni de conciencia social y es, por el contrario, un gran lienzo que se extiende por kilómetros para que una generación o varias se expresen. Quizás a largo plazo esos muros sean derribados para erigir nuevos y más variados, muros más democráticos y justos, o sean borrados por la represión y pintados con sangre.

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