¿Entonces, en qué sueñas Espartaco?
–Sueño en que haremos un mundo nuevo. Y ella sintió temor de él, pero él le dijo
suavemente: –Este mundo fue hecho por hombres. ¿Ocurrió por casualidad, querida mía?
Piensa. ¿Hay algo en él que no hayamos construido, las ciudades, las torres, las murallas, los caminos y los barcos? ¿Por qué entonces no podemos hacer un mundo nuevo?
–Roma… –dijo ella, y en esa simple palabra estaba implícito el poder, el poder que dominaba al mundo.
–Entonces destruiremos a Roma –respondió Espartaco–. El mundo está harto de Roma.
Destruiremos a Roma y destruiremos aquello en que cree Roma.
–¿Quiénes? ¿Quiénes? –dijo ella suplicante.
–Los esclavos.

Espartaco es una novela histórica que Howard Fast escribió en 1951 cuando acababa de salir de prisión.

“Había estado trabajando mentalmente en algunos aspectos de la novela mientras me hallaba en la cárcel, que fue un escenario idóneo para tal labor.”

Fast estuvo en prisión debido a que durante la victoria de Francisco Franco sobre la República Española miles de soldados republicanos, defensores de la República y sus familias habían cruzado los Pirineos para dirigirse a Francia, y buena parte de ellos se habían establecido en Toulouse, muchos de ellos enfermos o heridos.

Fueron los peores tiempos que Howard Fast y miles de personas vivieron jamás. Nadie se atrevió a pronunciarse o a levantar su voz contra su encarcelamiento. Era el momento para escribir un libro como Espartaco; o tal vez no.

Al terminar el manuscrito, pasó por varios editores y todos ellos se negaron no por que no fuera bueno, quizá sólo porque tenían miedo de publicar un libro que llega al corazón y a la razón. Que revindica al primer hombre que se levantó contra la esclavitud de la humanidad y que gracias a este hombre podemos comprender como ha evolucionado la esclavitud hasta nuestra época. Howard Fast encontró apoyo en medios liberales y publicó la novela por su propia cuenta.

“Supongo que algo le debo a ese período que pasé entre rejas. La guerra y la prisión son temas difíciles de tratar para un escritor que no ha tenido experiencia directa de ellas.”

Ahora todo su ser, la vida que la animaba en su interior, su ser y su existir, su vivir y su funcionar, el torrente de su sangre y el latir de su corazón estaban fundidos en el amor hacia aquel esclavo tracio. Comprobaba ahora que las experiencias de los hombres y las mujeres de su tribu eran muy ciertas y muy antiguas y muy sabias. Ya no temía a nada en el mundo. Creía en la magia y la magia de su amor era real y demostrable. Al mismo tiempo comprendía que era fácil amar a un hombre como el suyo. Él era uno de esos raros ejemplares humanos tallados de una sola pieza. Lo primero que se veía en Espartaco era su integridad. Era singular. Estaba satisfecho, no de lo que era, sino de lo que significaba como ser humano. Aun en aquella madriguera de hombres terribles, desesperados y condenados, en la escuela del crimen de asesinos condenados, de desertores del ejército, de almas perdidas y de mineros a los que las minas no habían podido destruir, a Espartaco se le quería y se le respetaba. Pero el amor de ella era otra cosa. Todo en él constituía lo que era la esencia de la masculinidad para las mujeres. Ella había llegado a creer que en sus entrañas había muerto para siempre el deseo, pero le bastaba tocarlo a él para desearlo. Todo en él coincidía con la imagen ideal de cómo debería ser un hombre, si ella hubiera sido la elegida para esculpirlo y darle forma. Su nariz quebrada, sus grandes ojos marrones y su gruesa y gesticulante boca conformaban un rostro totalmente diferente del de los hombres que ella había conocido en su infancia; sin embargo, no podía concebir tener un hombre o amar a un hombre que no fuera igual a Espartaco.

Espartaco fue un esclavo de Roma, junto a miles de hombres y mujeres que eran utilizados sólo como “herramientas con voz” Los esclavos eran tratados peor que animales, los romanos en su poderío y su egocentrismo no podían concebir que algún esclavo pensara y mucho menos actuara en consecuencia.

Niños, mujeres y hombres trabajaban en las minas hasta morir, algunos eran comprados para trabajar en las mansiones de los romanos como sirvientes, pero con sirvientes me refiero a que eran utilizados para cualquier cosa que puedas imaginar, incluso cosas que ni te imaginarías.  Otros hombres, los más fuertes, eran comprados para ser utilizados como gladiadores, aquí es donde conoceremos a Espartaco, un hombre que fue comprado de las minas para convertirlo en gladiador, ahora con tantas películas uno diría que ser gladiador era un orgullo o una prueba de tu fuerza y valentía, pero no era así; ser gladiador era ser el juguete con el que los romanos se entretenían cuando se les diera la gana; se divertían mientras tú eras sacrificado, se divertían cuando hacías un movimiento para escaparte de la red o de la espada, se reían cuando te cortaban un brazo, se excitaban si tu sangre salía a chorros y tú aún podías moverte; ganaban o perdían mucho dinero por tu muerte. Ser gladiador era sólo esperar el día de tu muerte, bueno, en realidad para un esclavo era preferible la muerte.

Pero Espartaco no era cualquier esclavo, algo dentro de él se preguntaba ¿por qué tenemos que hacer lo que ellos dicen? ¿no somos acaso humanos igual que ellos? Así fue como Espartaco, consiente del mundo en el que vivía, comenzó a hablar con sus compañeros, a razonar y por último a organizar.

«Traedme a Varinia. Traédmela. Decidle que tengo miedo y que la muerte se cierne sobre mí»

Las mujeres también toman un papel importante, en este nuevo mundo que Espartaco desea formar, eran tratadas como carne, como objetos para los romanos y al mismo tiempo eran utilizadas para satisfacer a los esclavos gladiadores. Cuando Varinia es entregada a Espartaco, desnuda frente a él, ella no se cubre, no agacha la mirada, no dice nada. Espartaco le da una manta para que se cubra y le dice que puede dormir tranquila. Espartaco la ve como su igual, hombre y mujer bajo el mismo sistema esclavista. No hay diferencias. Es por ello que las mujeres de inmediato reconocen su propio poder y son grandes aliadas en la lucha contra Roma.

Howard Fast se encarga de que veas la vida como la veía Espartaco y reflexiones sobre la vida que llevamos ahora; definitivamente Espartaco es un icono contra la explotación y leyendo este libro descubrirás que estamos mucho mejor que antes claro, pero que aún falta mucho más por hacer. A Espartaco le tocó dar la lucha en ese tiempo, bajo ese sistema, a nosotros nos toca darla aquí y ahora. La esclavitud no ha terminando; sólo se ha modernizado.

 

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