Por Javier Sacristán de Alva

“Si una bala debe entrar a mi cerebro, asegúrense que esa bala destruya todas las puertas de los closets.”

Harvey Milk

Twinkies y Coca Cola, ¿qué le puede provocar una dieta tan balanceada a una persona? Por ridículo que parezca en Mayo de 1979 el fiscal de Estados Unidos utilizó esta historia como defensa de Dan White, un antiguo policía que había asesinado a Harvey Milk y a George Moscone, ambos activistas en pro de los derechos de los homosexuales. El psiquiatra Martin Blinder aseguró que la depresión orilló a White, un ex atleta  solamente a comer Twinkies y Coca: el exceso de comida chatarra lo obligó a cometer el asesinato. Así quedaría grabada en la historia como la defensa de los Twinkies.

Para contextualizar y entender de qué estoy hablando hay que saber quiénes fueron las víctimas de White. Harvey Milk llegó a San Francisco en los años setenta cuando una buena parte de la población gay de EU estaba volviendo esta ciudad, el lugar gay por excelencia. A su llegada fundó una asamblea de comerciantes locales y, gracias a este paso, descubrió su pasión por la política.[1]

Al declararse abiertamente homosexual, empezó a pelear por los derechos de éstos en la política estadounidense, haciendo que cada vez más homosexuales lo apoyaran y se dieran cuenta que no debían vivir oprimidos por sus preferencias sexuales. Fue hasta 1977 que consiguió un cargo público como concejal, después de haber fracasado tres veces, en la prensa diferentes activistas homosexuales le brindaron su apoyo hasta el final.

Milk era apoyado por los homosexuales porque entró a la política habiéndose declarado homosexual y era claro que él también había sufrido la discriminación tan vigente en esa época. Milk aseguraba que a los políticos no les costaba nada respetar a las minorías y respetar la individualidad, su lucha era justa, esa era su convicción y por esta razón empezó a ser peligroso. Cada vez más homosexuales se reunían por la confianza en Milk, así el 27 de Noviembre de 1978, fue asesinado junto al alcalde Moscone, por el también concejal y antiguo policía Dan White.

Moscone era el alcalde de la ciudad de San Francisco. Había negado la reinserción de White en el cargo de concejal. Unos meses antes White había dimitido del cargo de concejal argumentando que el sueldo no le alcanzaba para alimentar a su familia. Moscone se dio cuenta que el distrito de White necesitaba alguien que estuviera a favor de la diversidad y por eso cuando White pidió regresar, Moscone lo negó. El alcalde había planeado anunciar el reemplazo del concejal pocos días después del 27 de noviembre de 1978.

Daniel White era un veterano de guerra que, antes de entrar a la política, fue policía y bombero. En sus inicios llegó a varios acuerdos con Harvey Milk, sin embargo, al ser White de una familia conservadora y católica empezó a enfrentarse a las posiciones de Milk.

Uno de los primeros enfrentamientos con Milk se dio en un programa de reinserción de jóvenes con antecedentes en la sociedad. White se negaba a que en su distrito fueran canalizados dichos jóvenes para trabajar, mientras que Milk aceptó a la mayoría. Sin embargo, los mayores enfrentamientos se dieron cuando se discutían los derechos de la comunidad Lésbico-Gay, pues White se oponía a que incluso fueran tratados como ciudadanos.

Milk fue quien hizo que Moscone rechazara a White en el cargo. El 27 de noviembre de 1978, White iba a sostener una reunión con Moscone antes de que éste hiciera público su rechazo. White asistió a la reunión con un revólver cargado y diez balas extras. White entró al ayuntamiento por una ventana para saltar los controles de seguridad, quien al ingresar a la oficina de Moscone rogó por su puesto y al serle negado le dio cuatro disparos en la frente al alcalde. Después se dirigió al despacho de Harvey Milk y le disparó cinco veces. Al terminar escapó del ayuntamiento y citó a su mujer en un restaurante, ella lo acompañó a entregarse a la policía.

El juicio de White terminó en Mayo de 1979, cinco psicólogos dieron su testamento sobre la depresión del acusado. El más importante fue el de Martin Blinder, quien aseguró que durante un tiempo White se alimentó solamente de Twinkies y Coca-Cola. El jurado declaró que el asesinato no fue premeditado y fue producto de los desórdenes mentales de White; a pesar de que éste había recargado su arma para atacar a Milk.[2]

La defensa por la que White redujo su condena a 7 años y 8 meses  se podía reducir a 4 años con buena conducta, en lugar de cadena perpetua por doble homicidio, fue conocida como la defensa de los Twinkies que sentó un precedente en el derecho norteamericano.

El veredicto hizo enojar, principalmente, a la comunidad gay que por fin se veía representada en Milk y consideró la defensa una burla. La comunidad gay de San Francisco se reunió en un bar llamado Stonewall Inn el 28 de Junio del 79, a pocos días de que se diera a conocer el veredicto contra White, la molestia y la indignación resonaban en dicho lugar que, por alguna coincidencia, sufrió una redada esa misma noche que desembocó en arrestos de todos aquellos que usaran ropa que no fuera de su género y en enfrentamientos con los policías que se iniciaron porque un travesti golpeó con una botella a uno de ellos que lo había agredido con la macana.

Los gays, acompañados de heterosexuales se enfrentaron a la policía. Más de 2000 personas contra 400 antimotines que se vieron envueltos en una lluvia de botellas, piedras y todos los artefactos que encontraban los manifestantes. Los resultados fueron 13 detenidos, 4 policías seriamente lastimados, y fue difícil reportar la cantidad de lesionados del otro bando.

Los policías pidieron refuerzos especialmente de una unidad que se especializó en replegar a quienes se manifestaban contra la guerra de Vietnam, la multitud que crecía cada vez más los obligó a retirarse. Sin embargo, la escena se fue tranquilizando al pasar de las horas.

Al final la gente se fue, sin embargo, la noche siguiente la multitud estaba ahí nuevamente, con menos violencia pero la misma energía. A lo largo de la noche se dieron enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del orden hasta las cuatro de la mañana. Los enfrentamientos duraron cinco noches, entre las consignas que resonaban en las calles de San Francisco la que más fuerte se oía era la de: “venguen a Harvey Milk”.

Los manifestantes fueron apoyados por diferentes organizaciones sociales, no sólo había gays, aunque eran la mayoría, y quienes ayudaron a organizar la violencia y la resistencia contra los cuerpos policiales fueron jóvenes anarquistas que se solidarizaron con los que habían perdido a su representante. El enojo de la comunidad hizo que la confianza recayera en ellos y al final nunca fueron señalados como quienes iniciaban la violencia.

La autoridad pagó caro su decisión de no condenar al asesino, varias patrullas y el ayuntamiento fueron incendiados, hubo una gran cantidad de policías heridos. En una de las noches un periodista se acercó a un manifestante para preguntarle por qué iba a incendiar una patrulla, a lo que él contestó: “Sólo dígale a la gente que todos comimos muchos Twinkies, por eso está pasando esto”. Su respuesta era una clara burla a la defensa de White que salió de prisión por buena conducta 4 años después, quien después de dos años libre se suicidó.

Quién lo diría, Twinkies como señal de rebeldía. La gente enfurecida buscaba vengar a su representante y el Estado tembló después de cinco días de fuertes motines. La comunidad lésbico-gay decidió hacerse acompañar de los anarquistas, la diferencia entre unos y otros era clara, sin embargo, la furia era la misma.

El día de hoy terminando de escribir este artículo, veo la noticia del fallecimiento de uno de los 43, un joven de 21 años cuyo único delito, como el de Milk, fue intentar hacer de este mundo algo mejor. Asesinados ambos por un Estado cobarde, gracias a los Twinkies, Milk fue vengado. La pregunta ahora queda en el aire: cuándo nosotros empezaremos a comer Twinkies en exceso, cuándo nos daremos cuenta que bailar frente a una línea de granaderos es solamente una falta de respeto, para éste y todos los caídos. Los policías no son nuestros hermanos, dejemos de señalarnos entre nosotros, la violencia no viene de un encapuchado, viene del estado.

Ahora cuando estemos en una marcha y veamos que vuela una piedra podríamos entender que la violencia es parte o, al menos, tendría que ser parte de nuestra lucha y que si la condenamos, tal vez, y sólo tal vez nos falte agregar Twinkies a nuestra dieta. Si condenamos la violencia de parte de la juventud, o decimos que son solamente un poco bobos aquellos que se encapuchan, somos solidarios pero realmente no estamos enojados.

 

[1] Harvey Milk en http://out.ucr.edu/SiteCollectionDocuments/harvey_milk.pdf, p.1 Consultado el 30 de noviembre de 2014.

[2] Gay Activists Alliance, “Out of the closets and into the libraries: A collection of radical queer moments. En línea: http://zinelibrary.info/files/outoftheclostets.pdf. Consultado el 3 de diciembre de 2014.

 

 

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