Respiramos fuerte, mucho muy fuerte, pura adrenalina, aún hoy te acuerdas de la primera vez que hacías esto, fue con otro niño creo que se llama Alberto, era un año más grande que tú, le ganaste, pero lloraste, se restan puntos si lloras, igual que aquella vez en el pasto que separaba la puerta de la entrada de tu casa a la banqueta, volviste a recordar a tu padre, aunque jamás supiste muy bien cómo era, lo único que sabemos es que si la sangre cae, será malo para el suelo, como mala es tu sangre según lo que dice tu mamá cada que llegamos tarde tomados, drogados o golpeados. Respiramos fuerte, terriblemente fuerte, nos duelen las vías respiratorias, pero ¿no es esto la vida?, siempre ha sido así, ya dejemos de pensar y concentrémonos, el tipo está muy arriba, costará trabajo ponerle en la madre, quizás ni siquiera le duelan los golpes, esos son los más complicados de tirar, queremos que le duela, le ha jugado mucho al “chingoncito”, pero no trae con que ganar, en fin, desde hace rato nos estaba gritando y aguantamos, pero ahora se para muy derecho “se cuadra” pobre pendejo ya llenó el buche de piedritas.

Esquivamos el primer golpe sin problema, se fue para adelante, le ganamos el costado, otra vez piensas en tu papá, ¿dónde está?, ¿por qué estamos aquí?, tienes un hijo, es hermoso y una mujer que te ama, los que llamas tus amigos sabes que al menos te pueden hacer un paro, dinero no te falta, ya pagaste lo que tenías que pagar ¿por qué estamos aquí?, nos enojamos con nosotros mismos, todo pasa en fracciones de segundo, lo vemos vulnerable, pateamos una de sus rodillas, se dobla y cae, agacha un momento la cabeza, no sentimos cuando lo pateamos, nosotros también estamos muy arriba, te gusta la marihuana, te da un poco de paz y hace que los demonios se queden en su lugar y las curiosidades se duerman hasta caer casi en coma, además hace que soportes las horas paradas en esa esquina donde vigilas lo que va pasando alrededor, tiene poco que tenemos ese trabajo, es una esquina complicada por eso te la dieron, saben que eres cabrón, que no te vas a abrir, que somos buenos para el chingadazo y que nos desconectamos rápido, además ya tenemos nuestros conectes, así que “mover la cosa será fácil” solo hay que cuidar que los más pequeños sigan entregando los paquetes a los clientes y que nadie se pase de listo, que no anden de chingoncitos por aquí, así como este pendejo que ya está tirado.

En el piso aquel pendejo ya valió madre, cosa de patearle su cabeza. De pronto una deliciosa oleada de ira nos acaricia con un recorrido eléctrico en cada centímetro de la piel casi como la coca, no lo pensamos, pateamos su cabeza, se desploma, tu pie conecta directamente con su mandíbula, ya lo hemos hecho, adiós pinche estúpido, pero jamás habíamos golpeado tan fuerte, una patrulla pasa, los miramos con tanto odio que mejor se siguen, saben que no nada más estamos nosotros, si chiflamos más de 10 carnales saldrán a ver que nadie se pase de lanza, amigos y enemigos contra ellos, así que nos sentimos seguros, aunque nos tiemblan las manos, volteamos a ver a aquel güey en el piso, aún no se levanta.

¿Cómo estará tu hijo?, ¿ya habrá comido?, tu esposa debe estar preocupada, en un rato más le vamos a marcar, de momento habrá que despertar a este pendejo y decirle que no vuelva por acá, lo pateamos despacio, como para que reaccione, pero no pasa nada, no nos espantamos, siempre están los que se tardan, volteamos hacia los lados, una señora va pasando con su hijo, nos ven y empiezan a caminar rápido, te acuerdas de tu mamá, debe de andar trabajando en casa de la señora Rosalba, una de las únicas personas que nos ha tratado bien, aunque nos regañe porque no llegamos a casa y preocupamos a mamá, ella no desconfía de ti, a pesar de verte tatuado te conoce desde niño, te quiere pues, tú también la quieres, algún día se lo dirás seguramente, aunque ella ya lo sabe, es de las únicas que sabe que no eres malo, que haces esto porque estas chavo y no sabes qué hacer con tu vida, siempre te dice que sigas estudiando, pero la escuela no paga los pañales de tu hijo que ya va a cumplir tres meses, así que eso ya no es una opción, además que a nosotros nos gustan las maquinas, soldar, cosas así, la escuela no nos daba eso, seguramente iremos a buscar pronto chamba de mecánico o de soldador, solo es cosa de juntar para un terreno e irnos de aquí, cada vez el ambiente está más pesado, sabemos que en cualquier momento esto va a valer madres y mejor estar muy lejos cuando eso pase, pero de momento hay que juntar lana y con esta chamba si se puede, es lo único que se puede hacer por aquí si uno quiere superarse, pinche colonia no tiene trabajos para nadie.

El pendejo no despierta, lo volteamos y sabemos que no va a despertar… Lo matamos, le deshiciste la cara con esa patada, se nos baja el efecto adormecedor de la marihuana, chingada madre, ¿Qué harás, qué haremos?, lo arrastramos al callejón más cercano, lo recargamos en el piso, se ve como si estuviera dormido, le ponemos un casco de caguama en la mano, parece como si estuviera dormido, es diciembre así que seguro se va a quedar dormido y como hace frio se va a morir de hipotermia, (ya no lo matamos) pasa todo el tiempo, le quitamos la playera, para que sea más creíble, nadie se mete a esos callejones, de pronto le ponemos atención a su mano, ¡puta madre! Es de Los Locos, su primo Pancho nos quiere dar en la madre desde aquella vez que le dimos vuelta en el tianguis y justo ahora le diste el perfecto pretexto, ya estamos muertos y lo sabemos, el segundo día en esta esquina y ya matamos a alguien, es la primera vez que lo hacemos solos, habíamos visto la muerte de cerca pero nunca tanto,  habíamos ayudado a matar con unos golpes pero jamás lo habíamos hecho nosotros solos, suspiramos, volvemos a pensar en nuestro padre y nos vamos a casa, quizás nadie se dé cuenta de esto, extrañamente no vamos a pensar en eso, no sabemos porque, pero es como si no importará, el pendejo seguramente era un estorbo alguien sin categoría, no tiene muchos tatuajes, no tiene cadenas ni pulseras y andaba moneandose, seguramente nadie lo extrañará.

Mejor vamos a casa, tu hijo y tu esposa te esperan, además ya traes dinero para los pañales y la leche, seguramente no pasará nada, si vienen Los Locos no pasa nada, nos llevamos la mano a la espalda y sentimos el frío de una 9 milímetros, nos repetimos que no pasará nada mientras la acariciamos como a un perro para darnos seguridad, pero si pasa algo serán balas a través de sus cuerpos, ¡más les vale no estar chingando!, ya no somos el niño que llora después de la pelea, ya no somos un niño, tenemos 18 años un hijo y estamos esperando otro niño, nos empieza a dar hambre es viernes, seguramente Pedro está vendiendo alitas, se nos hace agua la boca, pero antes vamos a dejar el dinero, no vaya a ser que se den cuenta de lo que paso con aquel pendejo que nos hizo asesinos, no tenemos miedo a la policía, ellos nos tienen miedo a nosotros, son las nueve y media hace frio, habrá que ir a dejar el dinero…

(Continuará)…

No pretendamos, no pretendamos no pretender, no queramos ser, veamos y vamos a dejar que nos vean...

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