Que estos salvajes se maten entre ellos

es normal, es incluso cronológico por lo

que un genocidio en esta parte del mundo

no debe resultarnos extraño[1]

Por Javier Sacristán de Alva

La migración provocada por los conflictos armados es conocida como migración forzada. En lo personal, considero que el concepto menosprecia a aquellos que dejan su país por motivos económicos. Aquel que no tiene para comer debe dejar atrás un entorno que conoce para llegar a un lugar que le será profundamente hostil; deberá encontrar trabajo y llevar comida de regreso a su hogar con el sacrificio de no encontrarse ahí. Así, el refugiado de guerra se equipara al migrante que viene de países en vías de desarrollo, pues también arriesga su vida y el poco dinero que tiene para su sobrevivencia y la de los suyos.

En Dadaab, Kenia se encuentra uno de los campos de refugiados más grande del mundo; más de 403 mil personas[2] viven esperando que las crisis humanitarias de Somalia terminen para poder regresar a casa. Para algunos la sobrepoblación y las condiciones infrahumanas se han hecho cotidianas, y una vida normal es un vago recuerdo en su memoria, pero quienes han nacido en el campo no conocen otra cosa.

Los registros de nuevos refugiados fueron cerrados en Octubre de 2011, sin embargo, el campo mantuvo sus puertas abiertas a los somalís, por lo que los nuevos refugiados no reciben suficiente ayuda al llegar. En 2013 los gobiernos de Kenia y Somalia firmaron un acuerdo para que los refugiados regresaran voluntariamente, pero muchos aún tienen miedo de volver. Sumado a esto el Programa Mundial de Comida (WFP, por sus siglas en inglés) ha decretado cortes en la ayuda alimentaria a Dabaab por lo que ahora las personas viven con mucho menos alimento que antes. La comida se reparte cada 15 días y para los refugiados no es suficiente pues aseguran que ésta se termina en 10 días, haciendo que los últimos cinco haya un silencio aterrador en todo el campo.

Una de las complicaciones de Dadaab es que se planeó como un campo de refugiados que funcionaría a corto plazo. Dadaab tiene un exceso de población, pues fue planeado para 90 mil personas y lleva funcionando más de 20 años.[3] Por lo tanto, Dadaab presenta problemas de salubridad, comida y agua que no son prioridad para Kenia.

Incluso, ha empezado a desarrollar políticas con el objetivo de cerrar el campo de refugiados. Varias ONG han intentado presionar al gobierno de Kenia para mantener el campo, ya que cerrarlo sería poner a cientos de miles en riesgo. La decisión del gobierno keniano se debe a la falta de control en el campo y a los ataques de al-Shabab a la Universidad de Garissa el 2 de abril del 2015, pues se cree que los atacantes pudieron refugiarse en el campo.[4]

Kenia ha declarado tener la necesidad de cambiar sus políticas, como Estados Unidos después del ataque a las torres gemelas, y exigió la reubicación de los refugiados en máximo tres meses desde abril de este año. Actualmente el campo sigue abierto a pesar de que oficialmente no recibe más refugiados; el gobierno keniano dejó de invertir en el campo, por lo que sus habitantes dependen de la ayuda internacional. El gobierno de Kenia no se ha dado cuenta que el problema del terrorismo no se reduce a los ataques que pudieran provenir del campo. Lo que sucedió en la universidad se debe al apoyo que su país presta para bombardear algunas partes de Somalia. Kenia no debe avalar los bombardeos que declaran los países occidentales para liquidar grupos extremistas.

El problema reside en que el gobierno keniano ha ligado a todos los somalís con grupos terroristas por lo que el campo de Dadaab se ha vuelto una base del terrorismo somalí. La política de seguridad del gobierno keniano cambió radicalmente, pero cambió para mal ya que se ha vuelto una política racista que no reconoce los problemas que pueden enfrentar los refugiados si se llega a cerrar el campo.

Por otra parte, uno de los retos del continente africano es la sequía. El clima en África es sumamente irregular por lo que algunos países cada cierto tiempo se enfrentan a épocas de sequías brutales que implican tomas de decisiones importantes en sus gobiernos.[5] En 2011 Kenia sufrió una fuerte crisis debido a una larga temporada de sequía, que afectó el campo de refugiados, pues nadie les garantiza un acceso equitativo a los servicios.

La falta de los servicios ha aumentado la mortandad infantil en el campo; los pequeños mueren incluso en el camino de Somalia a Kenia y deben ser enterrados en el lugar donde mueren. En esta parte es importante hablar de un problema que acapara más los medios: los refugiados sirios. En septiembre del 2015 los medios se llenaron de la imagen de Aylan Kurdi, un niño de 3 años que apareció ahogado en una playa de Turquía; incluso la desagradablemente famosa revista francesa Charlie Hebdo tuvo la osadía de burlarse de la muerte del pequeño. Tengo que aclarar que me parece terrible que vivamos en un mundo donde los niños aparezcan boca abajo en las costas porque sus padres buscan refugio en un país con muchísimos problemas, sin embargo, me llama la atención que nunca un niño negro, ni en las costas de España,[6] ni en Somalia haya recibido la atención que recibió Aylan; invito al lector a hacerse la pregunta: ¿es por el color de la piel?

Dadaab se ha vuelto una organización social independiente que cuenta con el apoyo de algunas ONG, pero los refugiados más viejos han fundado sus propios negocios e incluso rentan tiendas de campaña a los nuevos refugiados, por lo que, como en todo el mundo, Dadaab sufre de diferencias sociales muy fuertes ya que hay niños que mueren de sed y hambre y personas que se han llegado a enriquecer en el campo.[7]

Dadaab es producto de un conflicto muy largo, tanto que ha sido olvidado por los medios y la ayuda internacional lo ha dejado de lado. Dadaab se encuentra en medio del desierto a cien kilómetros de la frontera con Somalia y 95% de la población son somalís. La población del campo ha rebasado la capacidad de ayuda y las ONG se empezaron a hacer a un lado hace un año y medio. El problema básico de los refugiados es la dependencia que se tiene a la ayuda internacional; se debe aclarar que los refugiados no son incapaces, sin embargo, no tienen ninguna oportunidad de desarrollo dentro de los campos y solamente algunos pocos pueden hacer dinero apoyándose en la corrupción.

El problema de la corrupción en los campos radica en que aquellos de quienes se depende, ayudan a extorsionar y a quitarle a la gente lo poco que les queda para que otros refugiados tomen el control. Sin embargo, las autoridades del campo aseguran que promueven una forma de supervivencia y no de acumulación de bienes. Si el refugiado solamente sobrevive en el campo es prácticamente imposible que regrese a su país (si éste estuviera pacificado) pues no tendría absolutamente nada para regresar.[8]

En los cien kilómetros entre la frontera y el campo, aquellos que buscan asilo se pueden llegar a enfrentar con la policía keniana. Niños mujeres y hombres viven un infierno cuando se encuentran con la policía debido a que enfrentarán extorsiones, robos, golpizas y violaciones.

Este tipo de artículos no busca, de ninguna manera, hacer pornografía de la información, ni dar una imagen triste de África que como todos saben está llena de problemas, pero ¿no es así también en América o Europa? Europa se hunde lentamente en una crisis donde el desempleo ha aumentado las diferencias sociales y las manifestaciones aumentan poco a poco en frecuencia e intensidad, y en América los gobiernos de izquierda asesinan a los desfavorecidos que buscan igualdad.

Por último, hay miles de fotos del campo llenas de miseria, inanición, falta de salubridad y tristeza, pero dentro de todo esto los más jóvenes (muchos de ellos solamente conocen la vida en Dadaab) tienen la capacidad de sonreír y de enfrentarse a los problemas del campo con espíritu de niños que todavía pueden divertirse. Siempre que encuentres una generación capaz de sonreír se podrán encontrar solución a los problemas.

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[1] François Gérard Georges Hollande refiriéndose al genocidio de Ruanda de 1994.

[2] Médicos sin Fronteras, “Dadaab refugees: An uncertain tomorrow”, marzo 2014, p.1. En línea: http://www.msf.org/sites/msf.org/files/bp-dadaab-march-2014-low.pdf Consultado el 13 de diciembre de 2015.

[3] Mackinnon, Hayley, “Education in Emergencees: The Case of the Dadaab Refugee Camps”, Policy Brief, No. 47, Julio 2014, p.1. En línea: https://www.cigionline.org/sites/default/files/cigi_pb_47.pdf Consultado el 16 de diciembre de 2015.

[4] Jones, Sam, “Dadaab refugee clousure would risk 350 000 Somali lives, warn Amnesty”, The Guardian, 17 Abril 2015. En línea: http://www.theguardian.com/global-development/2015/apr/17/dadaab-refugee-camp-closure-risk-350000-somali-lives-amnesty Consultado el 15 de diciembre de 2015.

[5] Un ejemplo de ello es la sequía que se sufrió en Etiopía durante el gobierno de Haile Selassie: el gobierno tomó la decisión de seguir plantando hojas de té, a pesar de que la población moría de hambre; se llegó a esa decisión porque el té era lo que permitía la compra de vacunas que evitaban que los niños murieran de enfermedades tratables.

[6] En España muchos migrantes son contratados para quitar de las playas los cuerpos de otros migrantes (que también buscaban alcanzar el sueño europeo) que aparecen diariamente en sus playas.

[7] Dar, Osman, “Global Health: The Dadaab Camps- Daemons in the Detail”, The World Today, Vol.67, No.10, Octubre 2011 pp. 18-20. En línea: http://www.jstor.org.pbidi.unam.mx:8080/stable/pdf/41962586.pdf?acceptTC=true Consultado el 17 de diciembre de 2015.

[8] Andrés, Oriol, Castro, Gemma, et. al., “La Somalia Refugiada”, El Ciervo, Año 59, No.714/715, Septiembre/Octubre, 2010, p.33. En línea: http://www.jstor.org/stable/20787732 Consultado el 17 de diciembre de 2015.

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