Los trastornos de la personalidad, trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y rasgos de la personalidad, se pueden englobar en tres tipos de personalidad, la sumisa, la agresiva y la asertiva, evidentemente, nadie es puramente agresivo, ni sumiso, ni asertivo. Las personas tenemos tendencias hacia alguna de estas conductas, más o menos marcadas. En este artículo nombraremos algunas de las características que presenta cada tipo de personalidad, aunque hay que tener en cuenta que  tu conducta cambia dependiendo del tipo de situación o las personas con las que estés.  Piénsate un poco y descubre con qué persona actúas con conductas sumisas, agresivas o asertivas.

 

La persona sumisa.

La persona sumisa no defiende los derechos e intereses personales. Respeta a los demás, pero no a sí mismo. Consideran que así evitan molestar u ofender a los demás. Son personas “sacrificadas”.  “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa. Importa lo que tú sientas, pienses o desees”. Su creencia principal es: “Es necesario ser querido y apreciado por todo el mundo”. Constantemente tienen la sensación de ser incomprendido, manipulado, no tenido en cuenta.

Sienten Impotencia, piensan mucho y muy rápido pero no lo hacen notar, en ellos son frecuentes sentimientos de culpabilidad debido a su  baja autoestima, no son honestos ni con ellos ni con los demás, pueden sentirse enojados, hostiles pero no lo manifiestan y a veces, no lo reconocen ni ante sí mismos y esto les provoca mucha ansiedad y frustración.

Cómo reconocerlos:

Habla poco y tono de voz bajo, tartamudean (como muletilla, no confundir con la disfemia o tartamudez, el cual se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla), no mira a los ojos, manos nerviosas, tienen el hábito de “comerse las uñas” como una manía nerviosa, inseguridad para saber qué hacer y decir, y frecuentemente se quejan de terceros: “no me comprende”, “es un egoísta”, “se aprovecha de mí”.

La conducta sumisa en una persona a la larga le hace perder su  autoestima y el aprecio de las demás personas, lo cual provoca la falta de respeto de los demás y no siempre saben cómo defenderse de un ataque verbal.

La persona sumisa hace sentir a los demás culpables o superiores: depende de cómo sea el otro y éste tendrá la constante sensación de estar en deuda con la persona sumisa “es que es tan buena”, o se sentirá superior a ella y con capacidad de aprovecharse de su bondad.

Las personas sumisas expresan con enfermedades su padecer, es una forma de manifestar las grandes tensiones que sufren por no exteriorizar su opinión ni sus preferencias. Otras veces, estas personas tienen repentinas explosiones exageradas de agresividad. Estos estallidos suelen ser bastante incontrolados, ya que son fruto de una acumulación de tensiones y hostilidad.

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La persona agresiva.

Defiende en exceso sus derechos e intereses personales, sin tener en cuenta los de otros, en muchas ocasiones ni siquiera se preocupa por los otros y/o no sabe cómo afrontar las situaciones

El  pensamiento de la persona agresiva es opuesta al del sumiso: “Ahora sólo yo importo, lo que tú pienses o sientas no me interesa” piensan que si no se comportan de esta forma, son excesivamente vulnerables se manejan todo el tiempo en términos de ganar-perder, dicen: “hay gente mala y vil que merece ser castigada” y/o “es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que salieran”.

Cómo reconocerlos: volumen de voz elevado en muchas ocasiones, habla poco pero muy rápido, interrumpe el dialogo de los demás, insulta constantemente, su mirada es retadora, su postura corporal es en posición de ataque (dispuesto a lanzarse a los golpes si se siente sometido, dominado).

Sus Emociones son de ansiedad, creciente soledad, sensación de incomprensión, frustración y  baja autoestima (sino, no se defenderían tanto) sensación de falta de control, enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas y situaciones, expresan lo que sienten y no engañan a nadie.

Los agresivos sufren rechazo o evasión por parte de los demás, conducta que se convierte en un círculo vicioso por forzar a los demás a ser cada vez más hostiles y así aumentar ellos cada vez más su agresividad.

La conducta agresiva y desafiante es muchas veces una defensa por sentirse excesivamente vulnerables ante los “ataques” de los demás o bien es una falta de habilidad para afrontar situaciones tensas. Ellos responden a veces a un patrón de pensamiento rígido o unas ideologías muy radicales,  ven al  mundo en buenos y malos.

Personalidad agresiva

La persona asertiva.

Las personas asertivas conocen sus propios derechos y los defienden, respetando a los demás, es decir, no van a “ganar” y no es su intención ganar-perder sino a “llegar a un acuerdo”.

Cómo reconocerlos:

Habla en forma fluida y segura, sin bloqueos mira a los ojos sin desafiar su postura corporal es relajada y cómoda. Expresa sus sentimientos tanto positivos y negativos sin agresión, es honesto, es capaz de hablar de gustos e intereses propios sin imponerse, tiene la habilidad de pedir aclaraciones, decir “no” y saber aceptar errores sin someterse ni acusar.

En su mayoría el pensamiento de la persona asertiva es racional.

Tienen buena autoestima, no se sienten inferiores ni superiores a los demás, se respetan, tienen satisfacción en sus relaciones personales, controlan y reconocen su estado emocional.

La conducta asertiva tendrá unas consecuencias en el entorno y en la conducta de los demás;  frenarán o desarmarán a la persona que les ataque, aclaran malos entendidos, los demás se sienten respetados y valorados, la persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta” ya que sabe decir “no” o mostrar su postura hacia algo.

¿De qué forma respondes a cada una de las situaciones? ¿Eres asertiva en unas, sumisa y agresiva en otras o sueles mostrar un mismo tipo de comportamiento?

Déjanos tus comentarios, es importante para nosotros.

 
Alejandro Brito, Psicoterapéuta.
 

 

 

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