Versión Ia.

Por: Carlos Arteaga.

Lo que les voy a contar sucedió hace aproximadamente ocho años, en ese entonces yo tenía 15 y mis mayores intereses eran los libros y las caminatas. En esa ocasión estaba en el Centro Histórico, recuerdo que sonriente andaba con algunos libros que compré en una librería cerca del metro Allende, (para quien no lo sepa en esta zona hay muchos lugares para comprar ejemplares viejos a muy buen precio), en fin retomando lo que contaba, paseaba sonriente hasta que la curiosidad me hizo llevar la mirada hacia una de las paredes de una tienda de ropa que se encuentra en contraesquina del Museo del Estanquillo, ya en la calle de Madero, observe sin más un anuncio donde un par de jóvenes lucían ropa de la marca, sus miradas eran distantes y al mismo tiempo desafiantes, casuales pero con energía, insatisfechos pero al mismo tiempo tenían porte, en fin la imagen se quedó grabada en mí y comencé, primero a buscar a gente similar a ese anuncio en la calle, cabe decir que no encontré muchos que llenarán las características y es que ¿cómo iban a hacerlo? Si a todas luces aquellos dos jóvenes eran extranjeros, ellos tenían el pelo rubio, las mejillas coloradas, eran altos y esbeltos. Después de buscar por todos lados a alguien similar y no poder encontrarlo, me miré al espejo; fue la primera vez que sentí lo que era el hueco.

Aquella sensación era extraña, ¡una completa invasora!, te hacía sentir incomodo de inmediato, esa era su carta de presentación, en seguida buscaba dentro de ti y atacaba tu identidad, recordándote que no eras aquello que habías visto, además en caso de que alguna parte de tu propia personalidad le rindiera resistencia, en seguida la sensación se quedaba quieta muy quieta como si hubiera muerto y justo cuando los argumentos de tu ser bajaban la guardia despertaba feroz y anulaba esa sensación de seguridad que tu identidad daba y una vez muerta está, el dominio del hueco empezaba a tener lugar, aquella sensación es el hueco, no lo sabes, pero así es.

Una vez que la batalla es ganada y se anula tu personalidad y por consiguiente tu percepción anterior, aquel invasor ahora bien conocido como hueco, se instala en una de las orillas de tu ser, una orilla peligrosamente inaceptable por los demás, puede ser una nariz que no esté en el canon del perfil griego o un aquella carne que sobra y que hace que no seas esbelto o en cualquier resquicio que golpee la aceptación de los otros por nuestro ser y entonces de manera sutil pero repetitiva dice: esto no debería ser de esta manera, efecto posterior, todo se rompe en mil pedazos sin más, haciendo que las cosas no sean como deben de ser según nuestra percepción, (menuda porquería ¿cierto?) sin embargo el hueco no está solo y justo cuando se le piensa arrojar y extirpar, llega el siguiente anuncio de los chicos esbeltos de miradas distantes e indiferentes y otra vez la pequeña voz, quizás tu serías así si hicieras lo siguiente:, y créanme que lo que viene es una soberana estupidez, porque seguramente implica algo fuera de nuestra naturaleza, ya sea una cirugía plástica, dejar de comer de forma desesperada y desesperante o cualquier otro acto que sea contrario a nosotros.

Y es que el hueco es así, su especialidad es posarse en una orilla y generar un espacio fuera de nuestra interioridad y de nuestras posibilidades, su petición no se ajusta a la realidad y aún posible tampoco es viable lo que se pide, siempre es algo tremendamente irracional o contra natura, el hueco es muy distinto al agujero del cual hablaremos más adelante, mientras el primero es algo que sucede cuando algo dentro de nosotros se pierde o se va, EL SEGUNDO NO ES PARTE DE NOSOTROS, es un deseo externo y fuera de la lógica para interiorizar los mensajes externos y volvernos completamente distintos a lo que somos de manera natural.

Entonces alguien preguntará: ¿Entonces tenemos que quedarnos tal como somos?, la respuesta es negativa, nunca seremos los mismos, siempre estaremos cambiando y siempre será bueno desear el cambio, siempre y cuando ese cambio no sea algo fuera de nuestra esencia y naturaleza, siempre que ese cambio no implique negar quienes somos, siempre y cuando la modificación sea acorde a nuestra interioridad y no a los estímulos del exterior que plantean situaciones muchas veces poco prácticas con relación a nuestro entorno y con nuestro ser.

Hay que cuidarnos en todo momento del hueco, porque este bastardo es discreto, se mete a nosotros en forma de inocente deseo y termina siendo el peor consejero, aquel que no te permite escuchar a tu propia voz, ojo que no le digo bastardo de manera gratuita, se le puede llamar de esta manera porque en realidad es completamente ilegitimo, no tiene raíces, de lo que parte es de la nada y no busca en ningún momento adecuarse a nuestro ser para ser parte de nosotros, muy por el contrario el hueco no quiere dialogar y por eso secuestra, mata y golpea a la personalidad del huésped, no está abierto a la negociación está desesperado sin saber en realidad que es lo que propone, el hueco es nuestro y le damos vida en cuanto lo aceptamos.

Pero atención que de esto yo no me enteré hasta muy tarde, dado que este agente es excelente camuflándose, mientras aquella vocecita sutil suena y la sensación se viste de ganas de hacer ejercicio o de cuidarse el rostro o de cualquier deseo inocente y constructivo, sin embargo justo cuando se logran resultados vuelve a cambiar de naturaleza y entonces empieza a golpear otra vez de manera incesante, mostrando que los resultados no fueron los esperados. Por ejemplo si bien la acomplejada muchacha de 18 años se opera la nariz para verse mejor y más parecida a la de la modelo de revista, en seguida después de la operación el hueco vuelve a insinuar que aún de esta manera ella no es idéntica ni parecida a la modelo, por tanto habrá que hacer otro esfuerzo. Cuando uno se entera de que en realidad no se puede aquello que el hueco desea,  por lo regular es un milagro o cuestión de un desgaste tremendo, ya sea de tiempo, dinero o pensamientos o la suma de todo esto junto.

En mi caso, sucedió después de un par de años, justo cuando había derrochado mucha energía en ese hueco. Justo tratando de ser como los muchachos del anuncio de la ropa, quise comprar las mismas prendas y tener la misma mirada, es decir la misma actitud y vaya que me lleve un chasco cuando después de comprar el atuendo (que además era carísimo) me di cuenta que no me veía como ellos, fue cuando decidí dejar de comer tanto, entonces otro chasco; al ver que cuando era igual de delgado que ellos no tenía la misma actitud: entonces quise ser indiferente y desafiante, sin embargo algo no cuadraba y a pesar de que me acerqué mucho a ser un buen impostor del anuncio, siempre algo en mi interior, algo llamado hueco me decía aún te falta, ¿Por qué no puedes ser como ellos?, un día de milagro miré algo que no había percibido, hacía poco había vuelto al habito de la lectura y mi ánimo andaba taciturno, caminaba otra vez por las mismas calles y otra vez también tenía una serie de libros en la mano cuando miré una vez más uno de estos anuncios y noté algo que jamás había visto: el fondo del anuncio distaba mucho de todo lo que había visto, aquel lugar donde la foto publicitaria había sido tomada era seguramente una ciudad europea cosmopolita justo entonces algo se rompió, o más bien se desprendió de mí y después de un par de años me volví a sentir ligero y real, el hueco había percibido justo cuando me había dado cuenta de todo, un momento después intuyó que lo mejor era abandonarme en silencio, con la esperanza de que no lo pudiera describir, que no tuviera oportunidad de acusarlo, pero ya ven, pude hacerlo y lo hago solamente para prevenirlos contra él.

Esa sensación es creada, duele porque no es natural, pesa porque no viene de dentro y como toda carga externa  nuestro ser no está preparado para llevar aquello por mucho tiempo, es estorboso porque no cabe en ningún lugar de manera natural. En fin el hueco es similar a una mochila demasiado pesada, el hueco es desastre puro porque está fuera de nuestros contornos, es un equipaje que es expansivo.  Te hace sentir mal porque te crea la ilusión de que o sobra o falta para ser “aceptable” para una sociedad donde si eres el canon se te ve como un objeto que tarde o temprano aburrirá y será arrumbado o por el contrario si eres poco parecido al estándar te rechazará y no querrá comprenderte, en cualquiera de los casos no es recomendable andar por ahí gustándole a los demás tan rápido, habrá que desconfiar de aquellos a los que les gustamos demasiado pronto porque lo más seguro es que busquen en nosotros algo preconcebido, quizás buscan como llenar el hueco que ellos tienen con algo de nosotros.

Es imprescindible entonces lanzar a este bastardo lejos de nosotros, sin odio ni rencor, pero si con la fuerza suficiente como para que se dé cuenta que jamás lo dejaremos volver a nuestras habitaciones.  Lo mejor para arrancar un hueco es ser nosotros mismos, encontrar en nuestra originalidad el sentido mismo de ser, sabiendo que no hay sensación más cómoda en el mundo que la incomodidad del otro ante nuestra propia excentricidad, siempre y cuando ésta no lastime ni dañe a nadie. Pero ojo otra vez, si incomodamos es porque lastimamos a los huecos de los otros que les dicen bajito no voltees, no voltees ese es malo, ese no sabe lo que hace, mira tanta comodidad no es buena ni cierta.

Cuidado otra vez quizás haya huecos escondidos en tu interior, cuidado con los huecos, que esos al contrario de los agujeros no se llenan con nada, esos se tienen que extirpar con la fuerza de tu propia personalidad, podría parecer una redundancia de hecho decir propia en este caso, sin embargo muchas son las ocasiones donde hemos creído tener una personalidad y la sorpresa es que no lo es, solo es un deseo, uno que no viene de nuestro interior, uno que nació por ejemplo viendo un cartel después de caminar y comprar libros como fue mi caso.

Por ello ante un hueco solo se puede tener soledad y reflexión, descuiden que cuando menos sientan estos caerán, justo cuando se den cuenta que hay cosas que no pueden ni deben ser como por ejemplo la uniformidad del perfil del cliente potencial o el deseo de ese cliente de ser algo que no debe por medio de cosas que no necesita.

¡Mira un cartel!, Cuidado otra vez.

scarlett-johansson-em-ck

No pretendamos, no pretendamos no pretender, no queramos ser, veamos y vamos a dejar que nos vean...

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