Si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer mi voluntad, mis ideas, ¿habría pasado lo que ha pasado?[1]

Voltear la mirada no devuelve lo arrebatado: los sueños, ni la esperanza

El hambre continúa, el frío cala hasta los huesos; un día se acostumbrará la piel, pero no el alma.

Los anhelos no tenidos, por haberlos olvidado desde hace centurias, no surgen pero mantienen un lugar en la esperanza fingida, tenida…robada.

Si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer mi voluntad, mis ideas, ¿habría pasado lo que ha pasado?

En los callejones rotos se amotinan quienes tienen un lugar en el paraíso, los legítimos con su lugar comprado: dinero manchado de destrozo, abandono obligado de sueños.

Las huellas que despiden un olor a maldición, recubriendo con olvido los crímenes cometidos, disimulando la atrocidad de su presencia, intentan delinear los caminos de todos…el bien, el mal, lo correcto, lo incorrecto; no hay sinceridad: lo aceptado, lo desdeñable, lo adecuado, lo reprobable.

Si hubiéramos cumplido con nuestro deber, si hubiéramos tratado de hacer nuestra voluntad, nuestra ideas, si nos hubiéramos impuesto hasta imponernos (sin imposición ajena) nuestros sueños, nuestras esperanzas no olvidadas, forjadas al calor de la vida, ¿habría pasado lo que ha pasado?

[1] Gramsci, “Odio a los indiferentes”, 11 febrero 1917.

Comentarios