“y conté y reconté,

un centenar de muertos,

dos centenares de muertos,

un millar de muertos,”

Rafeef Ziadah “Nosotros enseñamos vida, señor”

Ayotzinapa, no más impunidad a los crímenes de Estado[1]

¿Cuántos muertos más hacen falta para detener esta absurda guerra contra el narcotráfico que nunca funcionó? ¿Cuántos muertos más para terminar con los crímenes del Estado? La salida del ejército fue la respuesta al descontento social contra el fraude electoral de 2006, y la lucha contra el narcotráfico fue la respuesta inmediata para distraer la atención y tener al ejército en las calles. Si en verdad se pensó que era posible esa estrategia, ahora ya no tiene ningún sustento original más que el de reprimir a la disidencia. La corrupción de los gobiernos municipales y el federal es una expresión de la descomposición social en México y no es casual que tanto gobernadores como diputados estén coludidos, o sean ellos mismos, miembros de organizaciones que trafican con personas, redes de pornografía infantil y abiertamente estén relacionados con cárteles de la droga. Las instituciones por eso no funcionan, porque su capacidad de acción en un escenario tan sucio es incapaz de contradecir sus propias ilegalidades.

El Estado y los cárteles siguen matando y asesinando a civiles y estudiantes, sobre todo aquellos que representan una herencia de lucha como los normalistas. En 2011  “Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, murieron al ser impactados por disparos de policías federales y estatales, así como agentes ministeriales, durante el violento desalojo de un grupo de alumnos de ese plantel que bloqueaba la Autopista del Sol México-Acapulco y la carretera federal, a la altura de Chilpancingo.”[2] Crimen que hasta la fecha sigue sin resolverse.

Pero el crimen más brutal por su extensión, es el cometido recientemente contra los mismos normalistas de Ayotzinapa el pasado viernes 26 de septiembre de 2014. “Los ataques armados que policías municipales y presuntos pistoleros emprendieron la noche del viernes contra alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa dejó cinco muertos, 25 heridos –uno con muerte cerebral y otros cuatro de gravedad– y 25 desaparecidos”.[3] En conferencia de prensa este mediodía en la Normal de Ayotzinapa, padres de familia y dirigentes estudiantiles denunciaron que fueron ejecutados extrajudicialmente los alumnos Daniel Solís Gallardo, oriundo de Zihuatanejo, en el primer ataque ocurrido después de las 20 horas del viernes; luego sería asesinado Yosivani Guerrero, del pueblo de Omeapa, municipio de Tixtla; en tanto que a Aldo Gutiérrez Solano, nacido en Ayutla de los Libres, se le dictaminó muerte cerebral.[4] El “director de seguridad pública municipal de Iguala, Francisco Salgado Valladares, fue quien dio la instrucción de detener a los 17 estudiantes, y un sujeto apodado El Chucky, de la organización delincuencial Guerreros Unidos, ‘‘ordenó’’ a los policías ultimarlos.”[5]

Los normalistas sufrieron tres ataques y no dos como han dicho las autoridades. “El primero, alrededor de las 20:00 horas, cuando los normalistas se encontraban en el zócalo de Iguala luego de haber realizado una colecta […] hubo disparos, porque muchas (de las 17) personas heridas fueron lesionadas ahí. Para protegerse, narra, los normalistas abordaron los tres autobuses en los que llegaron a Iguala y cuando todos lograron agruparse, emprendieron el camino de vuelta a Ayotzinapa, para entonces, la policía había arrestado a 20 de ellos y los presentó ante el Ministerio Público. Una hora después, en la avenida Álvarez, policías municipales abrieron fuego contra los vehículos de los normalistas […] dejando tres normalistas fallecidos, lo mismo que un futbolista y los tripulantes del taxi (el chofer y una pasajera). El tercer ataque vino entre las 22:00 y 23:00 horas, cuando los normalistas sobrevivientes, aún en Iguala, intentaron dar una conferencia de prensa para denunciar la agresión sufrida. En este momento, un grupo de hombres armados disparó nuevamente en su contra, poniéndolos en fuga, y fue este el momento en que 44 de ellos desaparecieron (según la cifra reconocida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y que se basa en los testimonios de las familias de los normalistas raptados).”[6]

Lo claro hasta el momento es la participación de las autoridades y su colaboración con el cartel Guerreros Unidos. De ahí que el paradero del alcalde José Luis Abarca Velázquez, así como el ex secretario de seguridad pública municipal, Felipe Flores Velázquez se desconozcan. Hasta el momento siguen desaparecidos 44 normalistas, y aunque se han encontrado fosas con cuerpos calcinados en el cerro de Pueblo Viejo, Iguala, no están confirmadas las identidades de los cuerpos. Dos detenidos, relacionados con el asesinato, declararon haber asesinado posteriormente a 17 normalistas y tener relación con el director de Seguridad Pública de Iguala, Francisco Salgado.[7] La identidad de los cuerpos se sabrá con seguridad  hasta que los resultados de las pruebas de ADN estén listos.

Las cosas no pueden seguir así, las leyes y los derechos humanos en México no importan si son de los sectores sociales más desfavorecidos. Para ellos es negada la ley y el derecho a la vida. En 1995 la masacre de Aguas Blancas perpetrada contra campesinos desarmados, permitió consolidar la indignación en una organización propia para su defensa y con un programa revolucionario. En 1997 la matanza de Acteal en Chiapas generó mucho descontento, pero sigue impune. Todos esos crímenes de Estado no pueden quedar impunes, esos asesinos deben de entender, que pese al miedo que generan, no les permitiremos seguir asesinando a nuestra gente. Ayotzinapa, ahora queda como un nuevo crimen de Estado y del narcotráfico, independientemente del número de muertos, así sea uno o tres, es un crimen de Estado por la participación de funcionarios e instituciones públicas. Esperamos que esos muertos encontrados en las fosas no correspondan a los normalistas.

El escenario actual y los asesinatos contra luchadores sociales de todo el país, los desaparecidos y torturados, son producto de una lógica de continuidad de las prácticas del Estado y sus corruptos políticos, de la perpetuación de la Guerra Sucia desde los setentas hasta nuestros días. Porque los métodos empleados, el exterminio de comunidades y familias enteras, se sigue reproduciendo aunque no estén ligadas más que a la lucha legal y democrática y a pesar de las pruebas, el gobierno no asume su culpabilidad. Disparar a quemarropa contra los estudiantes normalistas es un crimen brutal, un crimen de Estado que no puede ser nombrado de otra forma.

Por el momento, es necesario exigir justicia, la presentación con vida de los normalistas, quizás ya no sólo por los medios legales. Las policías comunitarias y las autodefensas surgieron por la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad de la población civil y por la colaboración del gobierno con el narcotráfico. Defenderse a sí mismo se vislumbra como real alternativa para no tener más muertos y ajustar cuentas pendientes pasadas.

[1] Este texto fue escrito antes de revisar la siguiente nota, la cual recomiendo leer:  Imanol Ordorika/Adolfo Gilly, “Ayotzinapa, crimen de Estado”, La Jornada, 06/10/14,  http://www.jornada.unam.mx/2014/10/06/politica/007a1pol

[2]  Sergio Ocampo Arista, “Matan policías a dos estudiantes al desalojar un bloqueo carretero”, La Jornada,  Chilpancingo, 12 de diciembre de 2011, http://www.jornada.unam.mx/2011/12/13/politica/002n1pol y

Carlos Cabrera, “Marchan por muerte de normalistas de Ayotzinapan”, El Universal, Chilpancingo, 12 de diciembre de 2012, http://www.eluniversal.com.mx/notas/889610.html

[3] Sergio Ocampo Arista,  “Policías balean a normalistas de Ayotzinapa en Iguala; 5 muertos”, La Jornada,  Iguala, 27 de septiembre de 2014, http://www.jornada.unam.mx/2014/09/28/politica/005n1pol

[4] Ídem.

[5] Héctor Briseño, “Llevaron al lugar de las fosas a 17 estudiantes de Ayotzinapa”, La Jornada, 6 de octubre de 2014, p.3 http://www.jornada.unam.mx/2014/10/06/politica/003n1pol

[6] Paris Martínez, “Fueron 3 ataques en Iguala y no 2, como dicen las autoridades” (crónica desde Ayotzinapa), Animal Político, 6 de octubre de 2014,  http://www.animalpolitico.com/2014/10/por-que-vivir-como-normalista-por-que-morir-como-normalista/

[7] Vania Pigeonutt, Marcos Muedano, “Confiesan dos asesinatos de 17 normalistas”, El Universal, Chilpancingo, 5 de octubre de 2014, http://www.eluniversal.com.mx/estados/2014/confiesan-delincuentes-asesinato-de-17-normalistas-1043734.html

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