Por Raúl Salgado Martínez

Sonríeme,

que llego a imaginar mil mares, mil soles, mil crepúsculos

 lo terso de las olas

en cada pliegue de tu labio inferior

lo cálido del sol

en el rojo de tu boca, recuerda el sabor…

la noche

tan misteriosa, tan íntima, tan nuestra

escondiéndonos de todo, bañándonos de eternidad…

 

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