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Durante la cabalgata

la noche perdió su oscuridad.

Perdió su cuerpo

y la calma que le sigue a la muerte.

Mi tiempo esconde su sombra y su llave.

Calla a su sombra,

pues mi tiempo toca la puerta equivocada.

Los cuerpos ruedan hacia la oscuridad perdida de la noche.

Se sumergen en lo hondo de la calle.

Se pierde a un padre como se pierde un vello de los brazos.

La noche rueda hacia los cuerpos.

Una mujer cosía el día

mientras las palabras se amontonaban en el polvo.

Los quejidos del cielo preguntaban

y el polvo despertaba.

¡Al fin se encontró el símil de la muerte!

Los cuerpos siguen la ruta del viejo mar.

El silencio abrazó su ira.

¡La noche perdió su silencio y su calma!

La noche cambió de vestido…

y de idioma y de palabras.

Un gallo negro asesta golpes secos

en la tierra yerma.

La noche perdió su oscuridad y su calma…

Édgar G. Velázquez

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