Por: Jesús Rogelio Gòmez.

Trémulo es un cortometraje dirigido por Roberto Fiesco estrenado en 2015, ¿De qué va? Cuenta un encuentro, el de Carlos, empleado de una barbería y Julio, un soldado del ejército mexicano que está ahí, cuando es 15 de septiembre, para participar en el desfile del día siguiente.

Es interesante en el aspecto personal con el que todos podemos sentirnos identificados, pues habla de esos encuentros efímeros, pueden ser minutos u horas que no vuelven pero resultan emocionantes e incluso entrañables, pues la escases de todo lo vivido en ese periodo se valora más precisamente por eso; porque es escaso.

Tiene valores de producción importantes como el diseño de arte y el vestuario, pues aunque hablamos de un lugar y un atuendo sencillos es sumamente importante que no exista algún elemento que rompa con la armonía visual del corto, que mientras lo miras no exista algo que te haga pensar cosas como: “Hey, esa playera se ve muy 2000” cuando evidentemente hablamos de algunos años atrás. La paleta de colores que se elige resulta extraordinaria pues a pesar de los cambios de luz (día/noche) y de las circunstancias (alegres o no) siempre mantiene cierto grado de vejez pero sobre todo de nostalgia. El manejo de cámara es interesante pues se mantiene suave como en un recuerdo a pesar de escenas más dinámicas como jugar con agua o un baile. La manera de utilizar recursos sonoros es interesante pues la función de la radio como herramienta de contextualización hace que sea sutil y no se recurra a diálogos comunes como: “¡Uy! ¡Qué bonito es trabajar cuando es 15 de septiembre, parece un buen día para una aventura! Por otra parte la musicalización que entra y sale de la historia es un recurso conocido que siempre agradezco. El ritmo, la secuencia y las actuaciones permiten mantener el nivel del cortometraje.

Pero como en todo, este trabajo tiene un par de detalles, la inocencia de la trama puede desviar la atención del espectador, sin embargo dedo decir que es hasta cierto punto resulta inverosímil, o dicho de otra forma, un cuento en el que se pueden dar saltos abruptos como el pasar de ser “el chalan que limpia vidrios y medio barre” a ser el empleado de confianza a pesar de que podría volver a dejar los candados mal puestos, de la agresividad de un no rotundo a la accesibilidad para bailar, de la desesperación de sentirse robado a la serenidad para ver volver al “ladrón” y esperar a que toque la puerta. A pesar de eso vale la pena, pues aunque en momentos se siente ilusorio cabe decir que la ilusión también forma parte de la vida que todos quisiéramos tener.

Son casi 20 minutos que te atrapan en una trama muy emocional, que termina con un mensaje que puede interpretarse como el anhelo de una vida distinta o la resignación y el consumo de una historia. Trémulo aborda un tema actual sin caer en lugares comunes que refieren únicamente a una pasión desenfrenada, eso se agradece.

Trémulo, un trabajo que termina en pocos minutos pero se queda contigo el resto del día.

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