Yo salí con el fuego en algún momento de mi vida,
Le comenté que no sabía si podría estar ahí.
Poco a poco aprendí a conocer sus explosiones,
Desarrollé un par de mecanismos para poder estar.
Al final el fuego me enfrío, me congeló,
Y aunque tengo quemaduras de segundo grado
Lo que hizo que muriera fue la ausencia de calor.

Un día me quedé dormido y se extendió a lo largo de mí,
Me desperté contento, me identifiqué con el fuego,
Pero una cosa es poder convivir con él
Y otra muy distinta ser el fuego en sí mismo,
Me quedé dormido soñando que era el fuego mismo.

Esto en realidad pasó, y ahora sigue pasando a la distancia,
El sol me acusa, el cielo me reclama y el frío me dice que es lo correcto,
Esto en realidad pasó y no importa demasiado,
Con el fuego y el sol no se negocia, uno sencillamente los deja ser y se pone un traje,
Sé que de vez en cuando el fuego puede venir a visitarme,
Y no le tendré miedo, ni trataré de dominarlo.

Al fuego no se le domina, se cree que se le domina,
En realidad puedes o no estar cerca de él,
¿Estás listo para el calor?
¿Gusta que lo queme? señor@, no gracias señor@.

Y en su inconmensurable resistividad,
En su salvaje lengüeteo, en su tremenda reacción,
El fuego se va extendiendo, sin distinguir que está tocando a su paso.

En su afán de ser impresionante,

En su capturar al aire, en bella danza,
Confunde y mesmeriza, mesmeriza y convierte adeptos,
De su religión consumidora adepto no soy….
Del calor de su sueño más candente, y después gélido, no soy.
Pero cada que lo veo,
Ahora que lo encuentro de vez en cuando donde la vista está,
Recuerdo cuando viví con el fuego,
Fue espectacular…

No pretendamos, no pretendamos no pretender, no queramos ser, veamos y vamos a dejar que nos vean...

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