Cuando los niños juegan, saben que están olvidando sin que se lo propongan y que se están alejando de un lugar sin que se den cuenta.

Cuando los niños besan, se terminan de cerrar los últimos días de noviembre y las palabras regresan a sus casas para acariciar sus alas.

Cuando los niños lloran, se terminan de escribir las canciones y las madres se arrepienten de los amores perdidos.

Cuando los niños nacen, se descubren islas en el Pacífico con la intención de llorar en ellas.

Cuando los niños se despiden, las cornejas celebran un año nuevo como los hombres y se embriagan hasta terminar en el cumpleaños de los abuelos.

Cuando los niños sueñan, los peces hacen el amor creyendo que pueden cambiar el curso de los remolinos en el agua.

Cuando los niños comen, los pájaros negros dejan de morir y los vidrios comienzan a extrañar las pisadas en la calle.

Cuando los niños ríen, los sueños tienen faroles encendidos y éstos dejan de caminar de puntas para ver la cara de una mujer.

Cuando los niños aprenden, la música deja de vestirse sólo en las fiestas y amanece antes de que nos durmamos.

Cuando los niños extrañan, las mujeres dejan de ser bellas aunque tengan el cabello largo y el agua no se acomoda en sus propios brazos.

Cuando los niños dejen de vivir, se acabarán las fuentes en las que los días mojan sus pestañas y las banderas dejarán de sentirse orgullosas de su prepotencia y su violencia; las palabras dejarán de ser cargas dulces en los brazos del oído y el movimiento dejará de vivir en las películas.

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